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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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CASA PUBLICADORA BRASILEIRA 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 

I Trimestre de 2008 
"El discipulado" 

Lección 11 

(8 al 1 5 de Marzo de 2008) 



Más lecciones en el discipulado 

Dr. Berndt D. Wolter 



"¡No temáis!" suena como una orden, un mandato. ¿Es posible dominar un sentimiento 
tan fuerte, sólo a través del poder de la obediencia? En determinadas circunstancias, 
¿no es beneficioso el miedo? 

Está claro que, si tú estás en una situación de peligro, ante un precipicio, o frente a un 
animal venenoso, el miedo te ayuda a estar alerta y así evitar algo malo que pueda su- 
cede rte. 

Pero quiero enfocarme en el miedo espiritual, tejiendo algunos comentarios que, creo, 
ayudarán especialmente a aquellos que, desde hace algún tiempo, han procurado una 
vida cristiana más significativa y que siente que necesitan de osadía y valentía, típica 
de los discípulos de Cristo. 

1. Un versículo que siempre me impresión y me desafía cada vez que lo leo es: "El 
que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor" (1 Juan 4:8). Según la 
forma de pensar de Juan, "la vida eterna es que te conozcan a ti, el único Dios 
verdadero; y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). Puedo comprender 
que quien no ama no heredará la vida eterna, pues -todavía según Juan- "en el 
amor no hay temor. Antes el amor perfecto elimina el temor... el que teme, aún no 
está perfecto en el amor" (1 Juan 4:18). ¿Puedo llegar a la conclusión de que el 
antónimo bíblico para el amor sea el odio? Pareciera que, desde la óptica de la 
Palabra de Dios, lo contrario del amor es el temor. ¿Entiendes ahora la razón de 
una orden tan clara, evidente, como el mandamiento "¡No temáis!"? ¡La vida eter- 
na de quien cultiva el temor está en peligro! Dios está preocupado con eso y or- 
dena que no cultives el miedo como base de tu vida cristiana. 

Hace un tiempo atrás escuché a un conferenciante cuyo enfoque no era correr en 
amor hacia Jesús, ¡sino correr por miedo a Satanás! La vida de muchos es movi- 
lizada más por el miedo al enemigo que por el amor atrayente y liberador de Cris- 
to. El miedo a equivocarse, a hacer una oración por alguien que lo necesita en la 
iglesia, el miedo a predicar, el miedo de aparecer en público... 

2. El miedo procede, invariablemente, de creencias equivocadas, y produce reaccio- 
nes físicas, mentales y psicológicas. El miedo también puede servir de diagnóstico 
para que tú percibas en qué crees. 



Permíteme un ejemplo. Estás acampando en un bosque con un grupo de jóve- 
nes. Alguien cuenta una historia tenebrosa y habla de uno de los tantos animales 
feroces que hay en aquella selva. Te duermes y te despiertas asustado con el 
ruido de una rama seca partiéndose. No escuchas qué es lo que es, pero tu co- 
razón se acelera, comienzas a sentir un sudor frío, a temblar. Un miedo casi in- 
controlable petrifica tus actos... 

No sabes si es un animal salvaje peligroso, o si es alguien que salió de la carpa 
para tomar un poco de aire fresco. Todo tu cuerpo y psiquis está trastornado por 
el miedo. ¿Por qué? Simplemente porque creíste algo que no era verdadero, que 
estaba equivocado; por anticiparte a algo que todavía no había ocurrido. 

Otro ejemplo: Los discípulos estaban en la barca y, caminando sobre el agua, 
Jesús va al encuentro de ellos. Lee el texto y observa cómo ellos pensaron de 
que se trataba de un fantasma y se quedaron aterrorizados a punto tal de gritar 
de miedo (Mateo 14:25-27). Después, cuando se dieron cuenta de que se trataba 
del propio Jesús (la percepción y la creencia cambiaron), Pedro logró salir incluso 
salir de la barca y caminar algunos pasos, y hacer algo que fue considerado co- 
mo locura, debido a una creencia equivocada. Notemos cómo Pedro cambió 
rápidamente del miedo al coraje y la fe verdadera (aunque vacilante; notemos el 
"si"), "Si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre el agua" (Mateo 14:28). 



3. El miedo espiritual puede ser superado por medio de la decisión perseverante y la 
oración. Si entiendo que el amor también es una decisión, no resulta difícil de en- 
tender que tener temor también es una decisión. Si el miedo fuer sólo una cues- 
tión de sentimiento, ¿Por qué razón Jesús ordenaría ¡"No temáis!"? ¿Sería posible 
despertar un sentimiento a través de un mandamiento? 

Tener una valentía movilizada por el amor, es un síntoma de una fe saludable de 
tener una percepción real de quién es Dios. 

4. Hay un llamado de alerta dramático, que de modo alguno debiera despertar temor, 
sólo debe servir de exhortación para aquellos que se dejan enredar fácilmente por 
el miedo. "Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas; los forni- 
carios y hechiceros; los idólatras y todos los mentirosos, tendrán su parte en el la- 
go que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda" (Apocalipsis 21:8). 
Aquellos que persisten en dejar que su vida sea dominada por el temor, tendrán 
un encuentro final marcado con los demás integrantes de esta lista macabra... 

5. El miedo consiste en una fe errónea, como ya hemos visto; o la ausencia de una 
confianza en Dios y en la conducción de su mano amante y justa. 

Lecciones en el mar 

Seis mil años de pecado hay arruinado nuestras percepciones y sensibilidades espiri- 
tuales, así como nuestra memoria. En verdad, todo nuestro ser se ha perjudicado. No 
funcionamos correctamente. Todos estamos en un estado de mal funcionamiento 
(Romanos 3:23). Pero ese estado no es irremediable. El plan de salvación y la acción 



continua de Dios en nuestra vida pueden revertir esta tendencia, cuando creemos en 
las experiencias que ya hemos tenido con Cristo y de aquellas que recordamos. 

Jesús estaba en la barca cuando la tempestad se abatió sobre ellos. ¿Cuántos mila- 
gros y manifestaciones de poder Jesús ya había manifestada hasta aquél momento? 
¿Cuánta confianza el Maestro había inspirado en su corazón? ¿Cuántas pruebas hab- 
ía dado de que Él dominaba sobre su propia creación? Cuan bueno sería que tomá- 
semos en serio estas célebres palabras inspiradas: "No tenemos nada que temer del 
futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que 
nos ha enseñando en nuestra historia pasada" [Eventos de los últimos días, p. 73]. 

Memoria, percepción espiritual y proyección 

La percepción espiritual consiste en ver y entender el significado de cada acto de Dios 
en nuestra vida en el mismo momento en el que ellos ocurren. La memoria consiste en 
recordar los actos de Dios en nuestro pasado, y la proyección es tomar en serio los ac- 
tos de Dios en el pasado y entender que, si en aquella ocasión Dios actuó de esa ma- 
nera (en un contexto determinado), entonces Él podría hacerlo ahora también (en un 
contexto nuevo). 

Es impresionante la forma en cómo estas tres características se dan en las tempesta- 
des de la vida. Jamás seríamos conmovidos si sólo mantuviéramos en mente el hecho 
de que Jesús está siempre con nosotros, en medio de la tempestad, y que ya tiene la 
solución. 

A su vez, no podemos entender las soluciones de Jesús pues, en casi todas las oca- 
siones, son completamente diferentes de aquellas que tomaríamos si estuviéramos en 
condiciones de escogerlas. 

Hay personas que creen que los cristianos no deberían jamás desesperarse o sentirse 
afligidos, y dicen que eso es una muestra de falta de fe. El hecho es que, después de 
seis mil años de desintegración de la creación de Dios, hay cosas que todavía no en- 
tendemos. 

El intento de estos comentarios no es el de hacer de ti alguien "intocable, que nunca 
más sufrirás las pérdidas y las luchas de esta vida. Tú tendrás que sufrir, atravesarás 
luchas y tempestades. La afirmación clara de Jesús "En el mundo tendréis aflicciones" 
(Juan 16:33). Esta es una declaración tan esclarecedora como cualquiera de las otras 
que Jesús hizo para nuestro crecimiento. Aprender a no negar esta realidad es parte 
de la solución. Hay personas que parecen estar siempre desprevenidas con respecto 
al sufrimiento. Cuando éste las roza, quedan tan sorprendidas como si hubieran orga- 
nizado su vida sin tener en cuenta el sufrimiento. 

Pareciera, además, que hablar de sufrimientos perfectamente posibles (la muerte, ac- 
cidentes, enfermedades, etc.), se ha convertido en algo socialmente incorrecto, y la 
mayoría de las personas evita hablar sobre estos temas. Pero permíteme que te diga 
algo de la confianza en Dios. La lección pide la definición que diferencia la fe y la cre- 
encia. Una creencia puede ser algo real o irreal, puede estar correcta o equivocada. 
Los demonios también creen y tiemblan delante de Dios (Santiago 2:19). Dios mismo 



puede ser una creencia. La fe, sin embargo, es confianza. Confianza en Dios, en aque- 
llo que Él realmente es, y no sólo algo que se ha escuchado hablar respecto de Él. 

Descubramos cómo se forma una confianza más sólida y completa en Dios. La Biblia 
ordena que no nos hagamos imágenes de Dios y que no las adoremos. ¿Sabes por 
qué? Pues porque cualquier imagen que nos hagamos de materia tangible y visible, 
limitará la imagen mental que nos vamos formando con respecto a Dios, por la influen- 
cia del Espíritu Santo. 

Hay personas que, por haber heredado una religión de raíces medievales, ven a un 
Dios que no coincide con el Dios que la Biblia revela. Reciben estudios bíblicos y lo- 
gran entonces cambiar muchas de sus impresiones y comprensiones acerca de Dios, 
pero si la revelación no continúa impresionando constantemente para impregnar la 
mente de estas personas, a veces la introducción a las cosas de Dios cede terreno an- 
te las impresiones supersticiosas cultivadas y confirmadas durante años. 

Una imagen errada de Dios en nuestra mente nos impide confiar en Él de manera 
osada y libre, como la que Dios espera de nosotros. Esta imagen distorsionada de 
Dios, esta máscara con rasgos deformados que muchos cultivan en sus convicciones 
con respecto a Dios, lleva al temor, el cual ya hemos analizado previamente. 

Por ello, la Biblia insiste en que "la fe viene como resultado de oír el mensaje; y men- 
saje que se oye es la Palabra de Cristo" (Romanos 10:17, NVI). El apóstol Pablo, des- 
pués de tantos años exponiéndose a la revelación divina, se atreve a invitarnos a par- 
ticipar de esta experiencia: "Pues nosotros tenemos la mente de Cristo" (1 Corintios 
2:16). 

Si, todos aquellos que constantemente se exponen a lo que Dios revela de sí mismo y 
se exponen a la lógica divina, irán, poco a poco, adquiriendo la mente de Cristo. La vi- 
sión del Dios amoroso, misericordioso, justo, salvador, Padre amante, poderoso e infi- 
nito en poder, que actuó ayer, hoy, y actuará siempre, la visión de ese Dios va in- 
culcándose en nuestro corazón, mente y emociones más sensibles en nuestra vida, a 
punto tal de que logramos confiar plenamente en Él. 

Testificando 

Hay personas que defienden la fe como los que defienden a un equipo de fútbol o algo 
de lo que sean partidarios. La Biblia es clara: "Nada hagáis por rivalidad o vanagloria" 
(Filipenses 2:3). La propagación del Evangelio no debe ser hecha para tener razón o 
para ganar una discusión. Dios no llama abogados para que lo defiendan, sino a testi- 
gos que digan lo que han visto. 

El concepto de testificación ha sido desvirtuado con el paso de los años. En un intento 
de resaltar el hecho de que las personas pueden dar un mensaje sin palabras, a través 
de su ejemplo, la palabra testificar ha recibido un sentido que no le pertenece por defi- 
nición: "Declarar haber visto, oído o conocido". En un juicio se llaman testigos a aque- 
llos que han presenciado o vieron algo que ocurrió. Ellos tienen que decirlo, ante un 
grupo de personas lo que han visto o saben. Cuando tú testificas de Jesús, hablas de 
aquello que has vivenciado, visto y experimentado. Hay una máxima en la enseñanza 



del evangelismo: "Tú no puedes dar aquello que no tienes". Si tú no tienes la vivencia, 
la experiencia, si no has oído nada, ¿cómo vas a testificar? 

El problema de las experiencias de segunda mano se multiplica según un movimiento 
va siendo transformado en una iglesia institucionalizada, pre-programada en la que la 
religión es apenas admitida en ciertos círculos por la cultura corporativa que se ha ins- 
talado. 

Las experiencias de segunda mano son aquellas que has oído contadas por alguien. 
Son impresionantes, pero no fuiste tú quien atravesaste esa situación de salvación o 
de experiencia con Dios. Está claro que el testimonio de otros motiva y fortalece tu fe, 
pero no puedes imaginar tu propia experiencia con Cristo. La experiencia que surge de 
la influencia de la Palabra, y de las vivencias diarias, es la que constituye tu testimonio. 



Dr. Berndt D. Wolter 

Profesor de Misiología 

Univ. Adventista de San Pablo - Campus 2 

Traducción: Rolando D. Chuquimia 



RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 

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